Los niños no quieren amor en porciones iguales sino ser amados de una manera singular
Caracas Julio 29, 2015 7:01 PM .- La respuesta “los quiero a todos igual” no les convence en absoluto.

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Los niños tienen una antena especial para captar cualquier diferencia en el trato, justificada o no. “No es justo, él puede acostarse más tarde que yo” o “siempre estás abrazando al bebé” son quejas que todos los padres conocen. Su respuesta inmediata suele ser una justificación.

 

 

Un amor singular

 

 

Lo más acertado es escuchar el deseo que va oculto tras la queja: el pequeño querría ser mayor, al primogénito le gustaría recibir tantos besos como el bebé...

 

 

Un truco para que tu hijo se sienta mejor es satisfacer la petición que hay en su queja: “vale, como hoy es fiesta, te acostarás más tarde” o “ven que te abrace”. En realidad, lo que cada niño desea es ocupar un lugar especial en el corazón de sus padres. No quieren amor en porciones iguales, sino ser amados de una manera singular. Por eso la respuesta “los quiero a todos igual” no les convence en absoluto.

 

 

Situaciones complicadas

 

 

Es normal, como ya indicamos, pasar por periodos en los que uno de los hijos resulta más fácil de educar que el otro. Podemos decir que temporalmente hay un hijo preferido. En estas situaciones es importante controlar los mensajes: puedes sentir lo que sea, pero no se lo digas. Hay que intentar evitar las comparaciones entre hermanos, porque hieren mucho a los niños y crean rivalidad y tensión entre ellos.

 

 

Si uno de tus hijos se queja a menudo de que eres injusta, es posible que se sienta olvidado o pospuesto. Esto ocurre con el hijo mayor cuando nace un hermanito o cuando uno de los hijos requiere una atención especial (por enfermedad, discapacidad, carácter problemático, etc.).

 

 

Un niño puede incluso llegar a enfermar para atraer la atención. Para evitar estos problemas, conviene reservar un tiempo exclusivo para él todos los días. Contar con esta atención especial, por ejemplo veinte minutos antes de dormir, es un buen antídoto contra el sentimiento de que se le quiere menos. Y le hace sentirse muy bien.

 

 

Cuando hay una preferencia clara

 

 

La inmensa mayoría de los padres quieren muchísimo a sus hijos y el hecho de tener una relación distinta con cada uno no resta nada a este amor.

 

 

No obstante, temporal o permanentemente, pueden existir problemas que hagan que se establezca una preferencia clara por uno de ellos. Estas situaciones, en su mayoría, se remontan a conflictos emocionales vividos en la propia infancia y que todavía no han sido resueltos.

 

 

Así nos lo cuenta una madre: “Cuando el ginecólogo me dijo que el bebé que estaba esperando era un niño, el mundo se me cayó encima. Yo solamente quería una niña y no había pensado en la posibilidad de que fuese un varón. Como sentía que no quería a mi hijo, acudí a un psicólogo, que me ayudó a superar la mala relación que siempre he mantenido con mi padre”.

 

 

Los hijos, a medida que crecen, nos hacen enfrentarnos a nuestros conflictos más internos. Para amarles plenamente y sin restricciones necesitamos superar nuestras dificultades. Solamente así llegaremos a querer a todos con un amor incondicional, aunque a cada uno de un modo diferente.

Crecer feliz